miércoles, 3 de noviembre de 2010

Viaje...

Unos rojos atardecinos
se mezclaban imperceptibles con el inmenso azul.
Andaban nubes por el cielo,
tornando de color
dependiendo de donde estuvieran.

Carmín,
añil,
no se mezclaban,
pero no podían separarse.

Cientos de estorninos
nubeaban anocheciendo el atardecer.

Lejos,
sendando colinas,
discretas arboledas
cuchicheaban en silencio,
entre ellas.

Aquello veía y aquello veo,
en soledad,
en sonriente pose,
como al viajar en mi coche.
Como ahora mi alma al fin descansa
en aquella ladera.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Cuando llovió

El compás de la lluvia
acariciaba su pelo azabache,
como lo hacía antes.

Sonreía,
¿A la lluvia?
¿A la noche?
¿A mí?
¿A él?

Paseábamos contemplando la ciudad,
mojándonos despacio
pensando en un mañana tranquilo,
en un mañana...

No me miraba,
mi mano rozaba.
No me lo creía.

Enamorado del recuerdo
de sus manos en mi pecho,
de sus labios en mi cuello,
de su corazón.

Continuaba lloviendo,
y sus ojos cerrados
y su aliento
y su aroma.
Ella.

Me miró sin inmutarse
con ojos llenos de lágrimas.
Besar quise sus labios
rodearla con mis brazos,
volver a sentir en mi piel
como era aquella.
La que no a de volver.

miércoles, 27 de octubre de 2010

De la sinceridad...(Opinión)

(Nota) Es un texto de opinión. No soy muy dado a ello como podréis comprobar, pero es lo que siento y no podía expresarlo de otra manera.

Sinceramente, la sinceridad ¿de qué sirve? No da felicidad, ni a quien se sincera, ni a quien escucha esa sinceridad. No aporta bienestar ni tranquilidad, ni siquiera acalla a aquel jodido grillo que chirría cuando haces algo indebido. Buscas ser eso que dicen "Buena persona" expresar lo que en tu alma hay, abrir tu corazón pero, sólo es una escusa para vulnerar tu ser en el momento que estas más frágil.
Me he molestado durante años por tratar de ser frío en las relaciones personales, por expresar aquello que siento mediante textos, mediante pequeños detalles. Han pedido que sea sincero infinitud de veces y jamás lo había sido hasta ayer. Por ella, porque lo que siento no es como otras veces, porque esta vez me he dejado querer y juro, al mismísimo Pizza Hut que es cierto, que trataba de complacerla en todos los aspectos posibles. Una vez me lo ha pedido. Al hacerlo, es posible que, no sólo haya perdido una maravillosa relación con una excelente persona, sino que también termine por cerrar mi ser y sólo me dedique, huraño de mí, a mi pésima redacción de textos.
Siento aquello que he hecho, haber sido sincero.
¡Ardan en el averno los sinceros!

martes, 19 de octubre de 2010

Sueño de su aroma

El perfume de su cuerpo
todavía estaba en mis manos.
No había salido del portal
siquiera entrado al ascensor.
Estaba recostado contra su puerta
cegado por sus labios,
sus caricias y su aroma.

Pensaba como mi mirada
fue cautivada por la suya.
Como charlando con ella
solo el compás de sus labios
era suficiente, y no su voluptuoso corsé.
Sabía que me deseaba,
pero no quería una noche,
las quería todas.

Esperé una semana
y quedamos en un tranquilo bar.
Descubrimos que no había tiempo de tertulia.
Bebíamos de nuestras palabras
como luego haríamos de nuestros cuerpos.
Ya abandonado el local
y conociendo su lecho.
Recorrí su cuerpo,
tomé su saliva,
veneré su alma.

Cayó rendida en mi pecho
y luego en mi corazón.
Cerraba los ojos
y luchaba contra ello.
Dormida entre mis brazos
acariciaba su desnudo.

Decidí marcharme,
no porque quisiera hacerlo,
porque no hubiera sabido despertar a su lado.
Dejé su cama,
pisé el suelo.
"No te vayas" dijo con la mirada.
"Debo irme" salió de mí.
"Lo sé" tristemente respondió.
Se levantó etérea
y me abrazó al tiempo
que le besaba.

Al irme, cerré los ojos
y todo se desmoronó.
No estaba su aroma.
Rocé una mano con la barba
y ahí lo encontré.
El perfume de su cuerpo
todavía estaba en mis manos.

martes, 12 de octubre de 2010

Austin Metro y mi infancia

Jamás olvidaré la primera vez que mi padre se enfadó conmigo. Pasé mi infancia arreglando, más bien yo mirando, un coche antiguo que nunca conseguimos arrancar, mi padre y un amigo suyo. El día en cuestión era 24 de diciembre de 1994 y recuerdo bien esa fecha porque tenía gran ilusión por la fecha. Hacía frío, y mientras no me pidieran que pasara ninguna herramienta, me acurrucaba en una barata estufa eléctrica que daba mas miedo que calor. "Papá" dije tiritando "¿Te importa que vaya al coche y lo encienda para no pasar frío?" Salió negro, lleno de grasa y entre aquella oscuridad que era su cara, sonrió y escuché, con su voz suave "Espera, voy a lavarme y te lo enciendo". Volvió con su gran aura irónica y me abrió la puerta del coche. No era un gran lujo, mas modesto que otra cosa, pero era nuestro. Me senté en la plaza del coopiloto y conectó el motor. Sonaba tímido y amenazaba con apagarse pero, inexplicablemente, finalmente se mantuvo en unas pausadas 1000 revoluciones. Con todo, presionó el acelerador para asegurarse. Sostuvo su sonrisa y expresando todo su amor, sin decirme nada, solo con la mirada, se marcho en pos de un imposible. Me quedé solo, pensando en todo lo que me quería mi padre, en lo feliz que me hacía e irremediablemente, en lo que me aburría estando sólo en el coche. Decidí entonces jugar con los instrumentos del coche. Sabía lo suficiente para no tocar la palanca de cambios ni la llave de contacto, pero desconocía lo que era aquello. Un botón redondo negro con un símbolo de un cigarro, decidí presionarlo y para mi sorpresa, no pude sacarlo cuando quise. Al cabo de unos largos veinte segundos escuché un "¡Clack!" y lo saqué. Estaba rojo centelleante y caliente como el averno. No me atreví a tocarlo, dejé ese honor al salpicadero de aquel Austin Metro.
A eso de unos quince minutos, mi padre apareció con un refresco y una napolitana de chocolate, mi desayuno preferido y observó, por demás del olor a plástico fundido, que había marcado toda parte de plástico de aquel pequeño cochecillo con el símbolo de Audi, excepto en un lugar, ahí estaba los anillos olímpicos. Con los ojos muy abiertos me pidió que saliera del coche y dijo, un poco más alterado de lo normal "Campeón, ¿Te parece normal?"

sábado, 9 de octubre de 2010

Lo que suele ocurrir en el bar

Brindaba por aquella sonrisa
con los restos de su corazón.
No lo creía posible pero,
allí estaba ella,
azúlea mirada permanente.
La realidad fue dura con él.
No había nadie en el bar,
ni siquiera el camarero.
Sólo,
un vaso medio vacío de ron.
Sólo,
sus penas con su interior

lunes, 4 de octubre de 2010

Condenado justamente

Y rugieron tempestades por todo aquello que no quise ser y fui.
Lo pero es que no me arrepentí por aquello,
no vi la necesidad de recapacitar.
Nada de lo que hiciera iba a cambiar
el rastro que habida dejado tras de mí.
Todas esas lágrimas vertidas sobre la acera,
toda esa violencia innecesaria. Olor a cuero sudado de las correas,
sábanas limpias y blancas y centenares de ojos sedientos.
Me relajo y como no me habían tratado en años,
recuestan mi cuerpo sobre una fría camilla.
Aprietan las cinchas contra muñecas y tobillos.
Un pinchazo en la vena del brazo derecho
y una sonrisa que atraviesa mi ser.
Un hidráulico se acciona y la camilla se pone vertical
y veo esos ojos que clamaban venganza
por sus hijos, pos sus seres queridos.
Busco entre ellos los de mi madre,
pero su mirada está clavada al suelo donde,
desde su nariz, un charco se acrecienta silencioso.

El mismo mecanismo libera presión y vuelvo a la horizontal.

Se que han estado hablándome pero no he dicho nada.
Nada va a cambiar lo que hice,
nadie perdonaría mi alma,
no tengo sitio en la sociedad.

Fluye un líquido por la aguja y penetra en mí.
Mientras todo torna en nocturnidad,
oigo gritos de júbilo.
He hecho algo bueno al fin.