sábado, 14 de agosto de 2010

Que típico...

No podía apartar la mirada de sus formas, de como llamaba mi atención. Me atrapaba y aunque sabía que echaba chispas solo por ver que llegaba con la cartera llena y ni siquiera me miraba cuando telarañas habitaban en ella. Me sentía fatal después de gastar tanto dinero en ella además, estaba mi mujer. Pero me daba tanto placer...
Un día mi esposa me vio y jamás volví a gastar dinero en aquel sórdido local, en aquella tragaperras.

miércoles, 4 de agosto de 2010

En un piso de las claras

Ya nada iba a ser igual. "Abrázame, lo necesito" dije con voz suave y melancólica. Sus brazos rodearon mi cuello y nuestros labios se fundieron en un beso. Se separó unos centímetros y escondió la cabeza en mi pecho. No quería que viera que estaba llorando. "¿Estas bien?" tratando de consolar su alma, "Si" fue su respuesta, izando el orgullo por bandera sin mostrarme su sonrisa, ni sus ojos.
Acariciaba su cabello, sin nudos, como si cada hebra supiera donde debía ir y como acompasar, como una tranquila laguna.
Mas yo necesitaba que de su boca saliera, "quédate", "no lo hagas", "te quiero". La rabia devoró mi ser y rompió a llorar sin lágrimas, a gritar en silencio, a morir viviendo.
El dolor le hizo dormir en mi regazo, le llevé despacio y en silencio a su cama. Besé sus labios, los que jamás volveré a probar, y después su frente. Abrió los ojos y me miró con una tristeza que rompió mi alma en cien pedazos desiguales. Sólo una lágrima rodó por su rostro y dos por el mío, cuando cerré la puerta.

jueves, 22 de julio de 2010

Florecilla....

Ya ves, hasta las flores se ponían de acuerdo para tratar de animarme. Unas gotas de rocío acariciaban despacio los pétalos, rodaban graciosos por el tallo hasta que, se fundieron con la tierra. Parecía que se desperezaba, como si no le importase que le estaba mirando. Agaché ligeramente la cabeza para olerla y ella me evitó esquivándome. Le agarré por la base y por fin indagué su perfume. Es curioso, solo una pequeña flor rebelde, me obligó a sonreír, olvidando porque no lo hacía, porque su sonrisa ya no era mía.

viernes, 9 de julio de 2010

¡Ya!

Es la decepción personal
quien me empuja,
Es la vergüenza
quien me alienta,
Es el suicidio
lo que me espera.

martes, 6 de julio de 2010

A un recuerdo.

Una luz blanca resbalaba por su piel hasta su sonrisa, de la que no podía apartar mis ojos. Aquel cabello, suelto pero ordenado, acariciaba mi pecho desnudo mientras el suyo, no muy grande, completaba su esbelta figura. Acariciaba mi pelo con unas manos tan suaves que pensé que era la brisa que entraba por la ventana desde el mar en calma.
Cada movimiento acompasado, cada gemido desbocado hasta que, rendida y extasiada, cae sobre mí fundiéndonos en un abrazo con más significado que todo lo que hubiera podido pasar antes.
La enmarañada melena cubría, etérea, una tímida sonrisa, su sonrisa, mi vida. No fue necesario que dijera nada, era ella.

miércoles, 23 de junio de 2010

Aquella

Efigie de un esbelto conjunto escultórico de espaguetis. Nariz que se alza majestuosa e imponente en una pradera de arrugas. Cabello simulando a un férreo casco militar y más fustas que brazos por estremidades y unos ojos que claman venganza contra cualquier halo de juventud. No se puede pasar por alto ese tono de voz, que estrangula y subordina, que es temida y odiada.
Aquel día sonrió insultantemente cuando entre carcajadas me dijo: "Lo siento, aún quedándote con 4`5 únicamente mi asignatura, no te apruebo". Lo más curioso es que aquel mismo día, una furiosa nube de mariposas blanca, le atacó hasta morir.
¡Vivan mis amigas las mariposas!

miércoles, 16 de junio de 2010

A1

Desafiante hasta el final, rostro de la ironía mas sarcástica, hombros fuertes pero caídos, brazos grandes y sin apenas vello, mirada dura e impasible. Atado a una silla, con las muñecas unidas por pegamento, la camisa llena de sangre que corría desde sus pómulos, sus labios, sus ojos. Cuando más le atizaban más se reía. En un intento por desquiciar incluso, trató de hacer una pompa con la mezcla de saliva y sangre. Tenía la cara tan hinchada que apenas se le veían los ojos. Al ver que no obtenían respuesta, optó por sacar una pistola. Nacarada, brillante, de resplandor frío y empuñado por una mano enferma y envejecida le apuntó a la frente. Él rió, y el otro disparó.