lunes, 27 de diciembre de 2010

Sí, para ti

Rozo tu mano
y siento miedo
¿Será la última vez?
¿Me habrás olvidado?

Acaricias con tu aroma
mi cuerpo,
¡Y me miras a los ojos!

Nervios,
tiemblo.
Me sonríes
rodeas mi cuello
"¿Por qué lloras?"
Te separas,
me miras,
y solo me besas

martes, 14 de diciembre de 2010

No, Rubia

Ven a mi cama,
mírame, deséame,
quítame la ropa.
Bésame, acaríciame,
fúndete conmigo,
fundamos nuestros gemidos.
Mírame, sonríe, sonrójate
y solo di "Azules, son azules"

lunes, 13 de diciembre de 2010

Último recuerdo

Veía a sus hijas y resbalaban por sus mejillas dos lágrimas, una por cada una de ellas. No lograba ser más expresivo y eso le hundía el alma hasta lo más hondo de su pozo personal. Laura tomó su mano y ella lo supo cuando miró sus ojos. Rocío no sabía que decir.
Antaño sus manos rompían nueces, sostenían clavos mientras eran martilleados, acariciaban el cuerpo de su amada. Recordó como un día, siendo Laura muy pequeña, agarró su mano y se dio cuenta lo pequeñas que eran sus manitas. Rocío estaba en camino y su hermana tendría unos cuatro años. Su mujer... ¿Treinta y seis?
La impotencia de no poder sentir le consumió, el hecho de que su amada muriera antes que él le arañaba el alma. Y aquella misma noche, en cuanto sus hijas marcharon y solo el constante pitido de la máquina que monitorizaba su corazón, extinto hacía ya tiempo, lo decidió. Se mordió la lengua hasta ahogarse en su propia sangre. Su mueca póstuma... sonrisa... su mujer.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

A las noches de Iruña y su despertar

Miraba desde su sonrisa,
ojos resplandecientes
"Un beso más"

Su pecho desnudo
bailaba al son de su respirar
¡Y a menos de un suspiro, sus manos!

Acaricié aquella piel,
sin apartar su mirada.
Risueña.
Paz.
Feliz al fin.

Sus labios se movían
y de ellos almíbar salía
"Quédate"
"Se mío una vez más"

Besé su regalo divino
tomé su mano
"Adiós"
Y sus lágrimas
se confundieron con las mías.

jueves, 2 de diciembre de 2010

A ti....

Tú que vives en la calle de la falsedad,
en el barrio de la melancolía
ciudad de Promiscua,
¿Cómo lo llevas?

Morbo exalas,
acaricias solo con tu mirada,
escalas con tus labios
el corazón de otros
y otras,
y otros.

Rompes un sueño
perfecto.
Construyes sueños de arena
en el abismo del mar.

Bebes ambrosía,
repartes cicuta.
¿preguntas porqué no duran tus caprichos?

Musas danzaban en mi cabeza
alegres y joviales,
pensando que era cierto
todo lo que me vendías.

Martillean ahora
aquellas que ahora están el averno,
en el fondo de mi ser,
lo que soy.

¿Por qué no bailas
un último eterno entre mis brazos?
¿Por qué ya no eres como antes?
O ¿Es que no te siento igual?

Siento como negro
mi corazón se deshace
entre tus dedos de hielo.

No me mires,
que temo mirarte.
No me beses,
que temo amarte.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Behind his self

Preciosas gotas de agua
resbalaban por su cara.
Empapado decidió continuar
¿Dónde?, para que saberlo
¿Por qué? "¡Qué te importa!".

Sus botas atravesaban
aceras destrozadas,
su cazadora ocultaba
un ser que...

Pelo corto, antes rubio,
ahora oscurecido por la humedad.
Ojos apagados,
perseguidos por su propia soledad,
castigo efímero que era su vida.

Respiraba por inercia
vivía por rutina,
y... De pronto, paró de llover.

Unas cuantas nubes resistieron,
pero la luna se hizo presente.
La miraba añorante
por alguien que no conocía
y no sabía si conocería algún día.

Lágrimas se confundieron con las gotas
que aun rodaban desde el pelo,
mezclándose en su boca.
Un sabor que conocía,
que aceptaba,
que odiaba.
Soledad.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Certeza de soledad

Tras una nube de humo
de un puro desdichado
escondía dos ojos azules.
Tras ellos
él decía que un alma negra,
ella un ser incomprendido,
uno, como un ser abyecto,
otros un genio y un borracho,
algunas un cabrón con labia,
¡Alguien le llamó poeta!

Coincidían en que no solía sonreír,
taciturno de costumbre
escribía por afición y
bohemiaba de profesión.

Rondaba bares,
cortejaba mujeres,
besaba vasos
y se acostaba con la almohada.

Nunca faltaba un burbon
ni un puro,
ni unas lágrimas,
cuando decía que hacía poesía.

Caminaba sólo,
anudado palestino al cuello,
cuero negro cuando frío
y cuando el calor,
también.

Inseparable de su cuaderno,
de su pluma,
de él.

Le hubiera gustado
ser un barbilampiño cualquiera,
no pensar,
solo actuar.

Anduvo aquella noche,
como la anterior,
por el parque de la soledad.
Donde la luna iluminaba clara,
donde podía ver
que siempre caminaría consigo mismo.
Eterno errante
tras una puesta de sol que no llega.