miércoles, 27 de enero de 2010

Rutina

Una luz blanca, que perfila las figuras yertas de la noche, acompaña su caminar. Tambaleante, con una pegajosa botella de whisky, avanza sin rumbo ni retorno. Pantalones manchados, gabardina rajada por una pelea que tuvo con una esquina, sombrero de apariencia caro y de realidad falsificado. Encuentra un banco, se sienta y se siente orgulloso de si mismo. Contempla esa luz nívea, falsa y errante como él, la que viene de la luna. Sonríe con la boca torcida. Vomita sin remedio en el suelo, y su sombrero cae encima de esa mezcla de whisky y fluidos internos. Se siente peor, coge el sombrero, lo limpia con la manga y se lo pone de nuevo. Le gusta vivir así, en el limbo borracho, donde todo es felicidad, donde no hay problemas, donde todo da vueltas. Decide dormir.
A las pocas horas, una luz recia y amarilla, impacta impasible en el rostro de este desgraciado. Una luz real, que le hace abandonar el útero virtual producido por el alcohol, retuerce y aprieta su cabeza. Mira los restos aún frescos de la noche anterior, el olor de su ropa, y esa botella. La coge maldiciendo y la revienta contra el suelo. Quiere olvidar que es un asqueroso borracho. "Una botella de ron" dice a la cajera del supermercado. Buen comenzar.

martes, 26 de enero de 2010

Lo que veo de mi, 3º

Vendo corazón, el mio, al mejor postor.
Me da igual sexo o condición,
solo pido un poquito de amor,
algo de cariño
que me haga sentir querido
que vuelva a sentir un latido.
O
alguien que me de sexo bestial
que me arranque el corazón al final
para que jamas sienta lo que es amar.

lunes, 25 de enero de 2010

Mi punto de vida

Vive como un loco,
habla como un genio,
bebe como un bohemio,
y muere como todos.


jueves, 21 de enero de 2010

A mi pequeña lesbiana

Una pequeña niña rubia, de penetrantes ojos azules, irrumpe descuidada en la cocina. Se acerca a la encimera y trata de coger un pedazo de chocolate. No llega, pícara como su padre, acerca una silla, sube, y con una sonrisa triunfal come el dulce. Encuentra un botín secreto, una caja de cristal donde su madre guardaba el vicio, golosinas. Sentada graciosa en el borde de la encimera, con el cofre transparente reposando en sus rodillas, come feliz las chucherías. La puerta de casa se abre, la niña no se da cuenta, pasos pequeños y ligeros se acercan, la rubita se come un regaliz. Una voz revienta la burbuja inocente de la chiquilla, "¿Ni cinco minutos te puedo dejar sola?". Al rato, unos pesados y cortos pasos se acercan a la cocina. Él, se apoya en el quicio de la puerta, en silencio, mirando la estampa. Sus dos chicas, comiendo y riendo, sentadas en el borde de la encimera.

miércoles, 20 de enero de 2010

Lo que veo de mi, 2º

Nunca tuve intención de hacer daño a esa persona, se que esa persona lo sabe, pero le fallé demasiadas veces, y aunque ella supo perdonarme siempre, llegó el día en el que me dijo "adiós". El motivo es que, aunque me quería, yo no le dejaba. Darme DE cuenta en todo lo que la he jodido, ha sido uno de los golpes más duros que he recibido, y ha venido del ser más implacable con los fallos, yo. Espero algún día levantarme, espero algún día volver a ver tu mirada.

lunes, 18 de enero de 2010

Lo que veo de mi, 1º

Veo como aquellas personas a las que he amado, continúan caminando. Rehaciendo sus castillos con piedras del anterior destruido. Veo como se alejan de mi en un tren que no tiene retorno. Veo que cada paso que doy, es hacia atrás. Esas personas viven un presente con idea de futuro. Por contra, el aquí "bohemio acabado", exprime su juventud en un pasado siempre obsoleto. Recuerdo tonterías que me llenaban el alma como, cuando una persona y yo, utilizábamos un lenguaje, que decía dos cosas "te quiero" e "idiota". Es fascinante, me parecía una banalidad de enamorados. Mas cuando dejamos de utilizarlo, noté tal carencia en mi ser, que traté de remediar el problema, que era yo, aunque, como comprobé primero y comprendí después, ya no tenía solución.

martes, 12 de enero de 2010

En mi casa

Miro a la infinitud del mar. Es curioso, veo el final del océano, y no el inicio. El agua salda se entremezcla con el viento y me trae ese aroma, ese frescor indescriptible que hace volar y reflexionar. La constante batalla de la marea por arrebatar un trozo de tierra al mundo, me recuerda a dos gigantes enzarzados en una pelea sin fin. La brisa marina mece mis barbas mientras yo, sentado en una apacible mecedora blanca, leo un libro de un amigo poeta. Las horas pasan con la misma facilidad que sus versos entran en mi. El sol, hoy clemente y escondido entre algodonadas nubes, irradia con su tenue luz las rimas impresas en papel. Acompasado el romper de las olas, con el crujido de mi mecedora. Cierro el libro por un instante y me levanto para espiar, tímidamente, a ella. Está en la playa, recostada en una tumbona descansando y saludando al astro rey. Sonrío como si fuera un quinceañero que piensa con la segunda cabeza masculina. No puedo remediarlo bajo corriendo a la playa. La miro, y ella me dice "Ven idiota", me acerco y ella se levanta. La abrazo y ella me besa. Que suerte tengo.